Hay cabezas seccionadas
por la mitad, neveras ecológicas
que enmiendan su cólera de vegetal
interrumpido. Un sistema de poleas, que advierte
de la situación de la ponencia, y el futuro.
Rosaledas que incrementan el formulismo
de los lápices, el vaho gigantesco de los utilitarios
de campaña, esa enérgica clepsidra
que aumenta su voz de ecuación anti dogmática.
Somos los vasos sanguíneos, las historias desviadas,
por secuencias de hilos telefónicos, las verdades
invariables del asceta. Ese color amarillento
en los discursos del gobernante, las flores humilladas
por la lluvia, los golpes inminentes
del crespón entre latidos.©