Te esperaré con sueños y desvelos,
haciendo nuestro lecho en los desiertos,
para amarnos y llenarnos de anhelos,
mirándonos eternos y despiertos.
Me esperarás, eterno, en esos cielos,
esos cielos que albergan a los muertos.
Descansarán mis huesos con tus velos,
cubiertos por jardines y por huertos.
El sol de la mañana aquí en mi pecho,
dejándome el calor entre los brazos,
para dejar cobijo allá en tu lecho,
el tibio resplandor de mis pedazos,
el dulce beso tierno, insatisfecho,
trenzando nuestro amor con rojos lazos.