Quisiera ser poblada del yugo de tu fuego,
el fuego me devora, me acorrala y condena.
Soy la fruta prohibida, que desnuda su ruego.
Tu boca me arrebata un beso que envenena,
recorriendo mi pulso, callado y clandestino.
Quisiera tu latido de musgo por mis venas.
Me vuelvo como un leño, ardiente me defino,
me enredo en la marea que añade sus cadenas.
Quisiera se tormenta, que avive tus hogueras
lo mejor de tu vida, quién cobijó tu invierno.
Tu refugio es mi mundo, te tengo aunque te mueras,
pasiones entre nubes, lindando el mismo infierno.