La savia en su raigambre agradecida
va encendiendo las hojas gota a gota
con la verde esperanza y nueva vida
y así alcanzar, el tallo donde brota.
Su llanto es una lágrima vertida;
la fuente generosa que borbota
sobre un suelo de tierra, que dormida,
despierta con el árbol su derrota.
Al rasgar su corteza verde y dura
el corazón del tronco allí supura
ese milagro de la savia nueva,
y en el tiempo, su sombra en la colina,
será la buena sombra de una encina
que guarde al caminante cuando llueva.