Al olmo en su corteza carcomida
le llevaré un esqueje tempranero,
que restañe la brecha de su herida
esta mañana azul del mes de enero.
Cantarán los poetas
su hermoso cancionero,
y en su concha de cárdenos violetas
bajo el mar soplarán las caracolas.
Aladas amapolas
mecerán a los trigos de Castilla
con el rumor del Duero;
y allí, en la otra orilla,
un corazón de niño solo espera
volar de nuevo al patio de Sevilla
y Leonor con él en primavera.