Deje de socorrer a las mujeres,
me dicen los galenos: pon cuidado,
el virus es asunto desgraciado
y puede complicar tus menesteres.
¡Qué tristeza! no ver amaneceres
en las camas furtivas del pecado,
espero que mañana, vacunado,
pueda cumplir de facto mis deberes.
Alabo yo a la ciencia que oportuna
nos deja su legado generoso:
vacunarme del virus con acierto.
De nuevo en los albores de la luna
yo saltaré balcones bien gozoso.
Si el marido no está, las llevo al huerto.