El haza
Madruga el labrador y, cada día
navega por un mar de cereales;
los trigos que iluminan los bancales
le ofrecerán el pan de cada día.
Echando la mirada en lejanía
observa la verdad de los trigales
y sabe que el valor de los jornales
es grande como escasa es su cuantía.
La vida del labriego, siempre austera,
es ir de primavera a primavera,
sembrando tras el surco del arado.
Él piensa en el silencio de aquel haza
mirando al sol que al fondo ha declinado
y al punto pasa el dueño con la caza.