Colgado en el umbral de algún cortijo
sudando, en los veranos asegura
del agua que atesora la frescura,
en su humildad el barro del botijo.
Su nombre puede ser un acertijo
viajando de Aragón a Extremadura
según la voz del pueblo y su cultura:
pipote, búcaro, pichín, botijo.
La física y sus cálculos, precisa,
resuelve la ecuación con que la brisa
lo accionará, sin térmico animismo.
Y allí donde se pierde la memoria
no cuentan los anales de la historia
ni un fallo en tan perfecto mecanismo.
Por el patio andan repartidos, aunque solo sea de adorno. Pero en el campo algunas cuadrillas aún traen el suyo.
Buen invento el botijo y su mecanismo.
Hace algún tiempo le dediqué un poemilla con el mismo título, creo, pero no era un soneto.
Che, que m'ha encantat.
Un abrazo Pepe.