Escuché una canción de la quinta dimensión,
donde la magia y el misticismo son las opciones acertadas.
Me dejé llevar por el estado de ánimo y ambiente,
hasta los límites de antaño en el fondo del corazón.
El desconsuelo y compasión que dieron calor
a mil luceros fué abrumador. Pero, después de la breve
curación, volvía subir, donde el espacio mostraba sus
visitas de siglos antes.
Suave, el eco me llevó al coro de las evocaciones,
porque esa canción una vez tuvo también su comienzo.