Es hablar de dinero,
y descomponerme del todo.
No me sale el presupuesto,
más que cuando lo tengo
gastado.
Es comentar algo sobre ello,
e irme por la pata abajo. Es
que me da miedo, sino pánico,
tenerlo y no tenerlo. Es una cosa
amena y práctica poseerlo. Algo
de necios y despilfarradores, gastarlo
a mansalva, sin obstáculos.
Me sale la vena dramática
cuando tengo el mes recién acabado.
Pues suelen faltarme varios días
para que las cuentas me cuadren.
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