El mirlo corre por la hierba
y toma los muelles por sus abrigos.
Los saca longitudinalmente
y se los come con pelo y piel.
No tolerará gorriones a su alrededor.
No hay pájaros, sólo su hembra.
Pero luego escuchas un ruido
y es el mirlo allí silbando,
como la primavera misma, te toca,
y por un momento sigues escuchando.
Lo verás más tarde,
actúa como si no supiera nada al respecto;
vuelve a picotear sus muelles con fuego,
la naturaleza no hace distinciones,
ella es pura, sin salsa de tomate.