Fiebre en los ojos.
No haber dormido predice
luz de faro en los intestinos
clavada, allí, en los intersticios
que ocupan un perfil iracundo,
un trono vacío, la laxa aspiración
sin número ni rostro ni cara.
Las alas abatidas del légamo de los huertos,
donde se escuchan los silbidos de las lechugas,
los tomates, extendiendo sus raíces arrugadas,
las patatas, ingenuamente transitando por las vías
cerúleas, sin emblema ni quitasoles.
Me gusta dormir al viento
cuando todos duermen yo visito los cielos
y los infiernos acechan sus sueños
como quebraduras de un límite ocaso.
©
Julia
Julia se llama y en un tacatá, camina.
Tiene una sirena que la cuida.
La lleva a la playa y en una silla la pone en la orilla, para que las olas le refresquen los pies y sienta moverse la tierra, la acaricie la brisa y huela el olor del mar
Se siente feliz y sonríe, grita y se aplaude.
Una obligación que, los que la quieren, asumen todas las semanas, llevándola y trayéndola de vuelta en el mismo día
Hoy no toca, hay revisión y ella lo asume con una sonrisa, la acompaña su nieta y eso le gusta.
Tiene momentos de lucidez y recuerda, lo que le falta por hacer.
Esperaré a que salga y me lo vuelva a relatar, de nuevo, su historia.
Techuaym (mío)
Feliz mañana