Un beso que divide
en dos, la estrella,
su magnetismo de tea
o antorcha. Suscitando
las palabras enamoradas,
cien reptiles de lengua deslenguada,
agitando los cartílagos de sombras
que parecían apaciguadas.
Y en ese estrato, la tierra,
que busca su perfume irrisorio,
la levedad de los parques infantiles,
su sonoridad de flor indivisible.
Busca la tierra angostas travesuras,
llenas de rica miel y gozosas transparencias,
en lagunas opacas donde todo se asemeja.
¡Memoria, qué tan fácil
olvidas, y tan fecunda regresas, cuando
menos me importa!-.
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