.........La noche
ampara al ápice
de la inalcanzable mirada del cielo,
horizonte que rodea a la tierra,
que la cerca y la aísla
desde el trance de un panteón
sin recuerdos.
.........Se apagan
las fugaces luces de un farol,
los candiles de una ciudad
en ruinas que se hunde en el mesón
de una quebrada oquedad.
Como una espada de fuego,
cae un relámpago
empuñado por un hado sin remordimiento.
Así atraviesa la comarca de la mesura
y el pudor.
.........La palabra
se aparta de las leyes de los hombres
y se hunde junto con los sueños muertos.
.........La promesa
se sepulta en un cofre
sin llave para los paganos y ascéticos
deseos del cuerpo.
.........La voz
del silencio llora
desde los mártires monumentos,
los anhelos inertes se desploman
en el espejo roto
por la mano de la cólera de un Dios.
.........La muerte
fugitiva
acecha los confines de las memorias cansadas
por la hambruna de esos ideales y preceptos…
Principios sin vida,
cultivados en campos áridos y desérticos.