Pesados cuerpos regurgitan
lastre de la vida que aumentan
tamaños y volúmenes, simples
néctares tras ejercicios y amargura.
Nenúfares inquietos que habitara
la neblina, dulces sueños para los inviernos,
dentro de esa estancia donde poseemos
un canto sin poder ni repercusión alguna.
Electrificado el cántico, qué tenemos?
La criatura, envuelta en pañales
desprovistos de significados y sustantivos.
Sí, maten ya. Libres los días
corren por las campiñas olvidadas.
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