Ya nada de lecturas.
Sólo la boca que se abre
y el pico que se alarga.
Alambre mecánico
de sustancias químicas
insensibles. Insensatamente
la sensación prescribe; son azules
las líneas de un cielo que emerge
sin luz. Cóncavo en lo sustancial.
Misterio incesante, tu lúbrica mirada.
Promueves el encanto, la ebriedad innecesaria.
Tras las lunas, aspavientos y gesticulaciones
imprecisas. Ese eslavo que comenta
tu precisión de analogista. Tu indecisión
proteica y ampulosa. Señorean
los espacios empapados, los vestigios
enamorados; ese incesante polvo de amianto
en la garganta. ©