El último poema de amor agoniza en la sala de terapia intensiva, agoniza porque su musa no lo leyó, agoniza porque el poeta lo labró con su última luz de inspiración, agoniza porque el amor se escurrió en el yermo árido de la desilusión.
Agoniza porque en esta vida urgida y aglomerada nadie se percató que no hay lugar para el amor.