Te tuve entre mis brazos,
te palpé con mis manos
y sentí que todo eso era,
mi realidad;
la realidad fecunda
que fue motor de mi sangre,
que impulsó mis energías,
que abrió mis internos diques
para arrojarme en el mar;
en el mar de sensaciones
que fue latido en mis sienes
y palpitar en mi pecho
tomando un caudal inmenso
que desbordaba mis cauces;
hasta que la calma dulce
sofocó la tempestad,
y ese mar embravecido
fue el océano de calma
donde el sol sus rayos cuaja
con la paz que quise hallar.
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT