En ese momento sentí que la muerte
me tendía un acceso a la inmorta-
lidad, que todos los cerebros del
mundo se convocaban sobre mí,
que asistía a todas las conciencias
a ser inaugurado tantas veces
como era desconocido y ahora
que accedían a mi existencia
a pensarme a testificarme
a comprenderme, a serme.
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT