Alzo
la vista
a las nubes:
sonríe el cielo,
los rayos del alba,
los oteros del triunfo,
y los ángeles de encanto
por los labios carmín que arropan
con melaza al espíritu y el cuerpo,
quimeras que eternizan mis preciados
sueños con el destello de un dulce beso,
deleite del Olimpo y del Parnaso
brindado a un corazón que respira
y late con vigor de nuevo.
¡Oh, labios de miel de musa
y seráficos soplos
que agitan la tierra
con la corona
del laurel
de besos
santos!