de insomnios
sobre las pupilas
y sus quinqués húmedos
ramificados en el lecho.
Muscíneas
sombras
que se engendran en los ojos
con náuseas de nubes
roídas por el tiempo.
Los ojos:
dos grandes fanales
apagados en la noche,
dos grandes guardapolvos
que guardan las cenizas
de los ecos de la vos,
de las resonancias del ayer,
de un alba desgranada
sobre los celajes de un gris cielo,
del viento y sus pasos de cristal
que se ahogan en los mares de un acaecido
trasatlántico encallado en un océano.
Mares desiertos sobre los ojos,
mares que hoy son habitados por arenas rancias
que caen sobre el reloj detenido
y su tiempo muerto.
Los ojos:
dos grandes faros postrados en un infinito,
sobre las vigas de un horizonte
que se aleja del cuerpo
y apaga la luz de la luciérnaga,
de los astros,
del sol
que encandilaba
las noches con su dulce almíbar,
y seducía a la luna
con el opulento vino derramado
de los labios de Dios.
Los ojosy su gristenia
que impregna
los llantos de las campanas de un ángelus
que agoniza
sobre las marquesinas