Detrás del rostro de la mañana
se esconde un alba adormecida.
Las grisáceas pupilas
se reflejan tras el vidrio
de los edificios vacíos.
Las aceras umbrías
son un paisaje tétrico
en el que la estadía
del hombre añejo
se marchita
como una hoja sin vida.
El viento ulula la funesta melodía
y las entrañas de la tierra
gotean la sangre clandestina
de las horas, de los destinos,
de los días,
de la historia
y sus sucesos olvidados
en el friso de un precipicio.
Él, sin embargo, se encuentra
haciendo malabares
con las proezas derruidas;
a tientas y con equilibrio
camina sobre la cuerda de un ciclo
con la esperanza de que una luz
ilumine a sus ojos anochecidos.
Siempre busco tus versos compañero que denotan gran calidad
abrazo de domingo
la dulce c zza