Las aves vuelan a un extraño cielo
(que no es tan mío) fuera del presente,
lejos de abrojos y un bisel de hielo;
que sólo es un ensueño de mi mente.
Rueda el mundo y me mira, con abulia,
como si fuera un mito sin tributo,
sin hechos que enaltezcan mi tertulia;
me mira como soy: un hombre en luto.
El albor ni se asoma en mi ventana;
el céfiro ya no redime a el halo
de mi alma sin su ornato de nirvana,
a las lágrimas que hoy y… siempre exhalo.
Soy un sobreviviente, ya sin era,
que espera por la muerte en la escollera.