El oriente golpea a mi puerta
echo un vistazo por el cerrojo
para ver al destino vestido de kimono
baldeando la vereda
veo también a los samuráis de Honto
manejando Hondas y Mitsubishis
también Mazdas y algún que otro Nissan
por las arterias de nuestra era
entre rostros encrespados
amanece desde el este
un alba con ojos achinados
y luces de geishas kamikazes
que se estrellan en el melodrama de la acera
en las respiraciones somnolientas
del Kama sutra con bocetos de Issey Miyake
y su ceremonia de inciensos perfumados
se desvirga el agitado aliento de la verja
de un capitalismo aglomerado
que seduce a las naciones
con sus antojos tecnológicos
en la hora del té
de un Rockefeller afrodisíaco
hasta la poesía cambió su aspecto
con los jaikus y senryüs de Basho
que silabean paisajes de derecha
a izquierda
con sus versos de loto
o zukuras de verano
/ mientras el amarillo prevalece
en las mejillas de nuestras mozas
y purretas de antaño
me acompleja la globalización nipona
también saber que mañana bailaremos tangos
con sandalias y sin zapatos
con chaquetas de cuello mandarín
hablando chino básico
tal vez hasta comamos sushi con palitos
mirando sumo en un LCD plano
de marca / obviamente / Panasonic
o Samsung