a Marian Gonzáles
En las abiertas sábanas de estos días blancos,
frecuentando los rayos de un sol vestido de otoño,
vas goteando una tristeza no heredada
y sueñas con un corazón ensangrentado de versos.
Tú, mujer de tantos paraísos en los labios y truenos en los ojos
que imploras una tregua al destino encarcelado,
rebosas y hueles como el vino de la uva roja…
ah, aquí tan breve y cercana.
Vino frágil y dulce de nube atormentada y llorosa,
sublime correntía para un rostro delcazo de oasis
con arrugas en los párpados.
Tú que cabes en los diminutos rincones
de un bosque arañado de sombras,
Julieta amada para algún Romeo despistado o anónimo,
diamante en bruto que unas manos entusiastas
desearan pulir a la intemperie de una noche rabiosa,
tú mujer, tú orilla: lugar fresco de tantos secretos olvidados;
eres un faro y vives en la luz.
De Qalat