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Divagando con la conciencia
Divagando con la conciencia — Antonio — Blog · Blog en MundoPoesía
Se hace poco prudente la pérdida de conciencia, ver en la usura inocencia no parece consecuente.
El paria, en su alegoría querría cambiar de modo rotundo al mundo, haciendo un nuevo proyecto perfecto. El humano en su defecto es ser de esencia egoísta, si fuera algo más altruista querría al mundo perfecto.
Siempre que el Sol resplandece la Luna está ocultada de oscura noche estrellada, el día nos envanece creemos nos favorece la claridad nos ampara, seguramente acertara que sin noche no amanece.
La claridad al llegar, de día con su alborada converge la madrugada inapelable al pasar. Vida que debes dejar su marcha nos acompasa lo escrito en tabula rasa, nunca se podrá borrar.
El día cuando amanece espanta la soledad, de quien en su intimidad se pregunta si merece lo que a unos se le ofrece a otros les han de negar ¡Que tristeza mendigar!, ¡cuando de azar se carece!
El sueño invita a vivir mirando a la madrugada de día y con su alborada despertándose el sentir, pues tenemos que asumir los actos que nos señalan, a cada uno nos avalan cuando deja de existir.
Las tardes cuando oscurecen los nubarrones de miedos traen suplicas con credos a Dioses que se envanecen, temores hacen le recen como doctrina divina y cuando oran se adivina los pecados que padecen.
El ocaso se aproxima y oculta un mundo cautivo con su egoísmo abusivo la avaricia nos domina, la vida se hace anodina sin sentirse su atadura mientras tanto la locura se convierte en jacobina.
Mi fuero se desvanece con conciencia que quisiera despertar a mi quimera y al anhelo se le ofrece, la vida cuando ennoblece a quien ve un orbe perfecto. Siempre quedará el abyecto de miseria se enriquece.
Como hipócritas miramos a quien no le queda nada, solo el cielo ¡Casi nada! Sus desdichas afrontamos en hogar que calentamos con leña de su morada, de ambición insospechada nuestra inmundicia creamos.
La noche cuando oscurece acoge al hombre en su sueño y no ve con su desdeño el cielo que resplandece, el universo se crece con luminosas estrellas y cuando él mira hacia ellas el brillo le empequeñece.
El hambre que aquí reside le pide, decir un no más rotundo al mundo y que busque en su avaricia justicia. Al humano en su codicia con mísera egolatría, algún otro en su agonía le pide al mundo justicia.
No parece consecuente ver en la usura inocencia, la pérdida de conciencia se hace poco prudente.