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En esta quietud muda, de agostadas hojas amarillas, desprovistas de tinta y de voces y de brasas... cegando los ojos con hierros fríos y atando las manos con cordajes de acero... respiro,
Aquí, no sé por qué, me recordaste a Camarón. Tal vez por lo del mimbre.
Claudicar, tarde o temprano, claudicaremos todos. Pero hay que vender cara la piel, siempre. Y respirar, aunque sea aire seco, es el primer paso para ello.
oooh julia!!! es genial ese verso. solo me vienen imagenes e imagines!!! podrias escribir un poema entero.