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Lagrimas derramadas de algodones elevados esparcidas a su paso por campos agradecidos, donde Eolo con su soplo tenga a bien dirigir su brisa. Esas lagrimas vertidas son la causa de la vida por los ríos recogidas en su fértil caminar, sin su generoso fluido y los destellos divinos del Sol que nos alumbra, este azul planeta uno de tantos sería en el orbe celestial. Como en cualquier ciclo constante la llegada a su destino no significa que el camino aquí se terminó, esas lagrimas llegadas a mares y océanos, los rayos de ese astro que ilumina nuestras vidas con su calida caricia el líquido elemento eleva a suspiros y lamentos y en las nubes deposita, empujada por la brisa a otra nube se encamina lamentando su desdicha empezando a llorar, descargando su tormento.