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En un rincón de Castilla junto a unas ruinas yertas, cerca de una cumbre altiva y al pie de esa sierra esbelta, entre Ocejón y el Otero allá mi pueblo se encuentra, en otros tiempos testigo de la actividad minera, con la emigración se fue el cultivo de la tierra.
Mas bajando por Casillas en Atienza descansó, entre Robledo y Las Minas mirad con mucha atención, las huellas de un tal Rodrigo por este lugar pasó, señor de un reino sin trono que al destierro le llevó siendo vasallo oneroso de un deshonroso señor.
Allende en la encina está en la meseta ancha alzado, aguas del río y su cauce al barranco accidentaron. El Bornova y su caudal, otrora tiempos lejanos sus corrientes hechizadas con sus aguas moldearon la mies y electricidad con descender continuado.
Por Las Minas le conocen forasteros y habitantes Hiendelaencina es su nombre su apodo es muy elegante, y como mi abuela dijo. -En este mundo inestable raíces has de dejar si algún día te marchases esta sierra aquí ha de estar, tanto como el sol aguante.