Desafuero

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Desafuero

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¿Como claudicar en el viento las saladas aguas,
como llorar?
desprender los azules ojos de la noche inmensa,
vestir rosales con los dedos empapados
agonizar lunas con el desliz del silencio o
mas bien
llorar,
hacer del minuto transparente una orgía
de pensamientos lacónicos y
anidar en la sombra el cuerpo cansado del amor.
Vencer el mar de temores que ahoga nuestras barcas,
sentenciar el hambre del fuego y entre la llamas
incendiar
todas aquellos guiños que te han descrito.

Es inmensamente cierto que rondamos la palidez
de las palabras como vigilias sangrantes,
que entre el memorial de las raíces surgen
benévolos los surcos del silencio,
si hasta morir de ti me ha estorbado.



Y luego luzco el nuevo hombre que
renace, y me hago el amor entre las ramas,
solitario como una gota que anuncia la llegada
de otros amores tormentosos en la cara.

Desde el punto de vista de un poeta
podría seguir amando, siendo artificial
la agonía y el despecho que para esto hemos
sido conjugados,
encender el arte con aquella
lampara que mitigan los pecados.

Y es cierto que en la deriva
hacen golondrinas los versos
las semblanzas se reparte el pan
en la mesa de los convenios
¿y el amor?
luce mejor al calor de un verso.

Mi método es ignorar la tibieza
de aquellos cuerpos, seguir en en absoluta
letanía, así se describe mejor el viento,
las hojas
el medioevo de tu cuerpo.

Pude arrancar de raíz la vida misma de tu pelo,
y sembrar en tus labios la hoja del desprecio,
pude tantas cosas que con una mirada
miserable de tus dedos, mentí a la hora
de ser sincero.


Para esto y aquello que se inventaron los miedos,
desangrar la vida en besos de fuego,
hasta en el umbral de la dicha he visto
el descontento, el mar agitado como un demonio
de otro cuento, tal vez una sombra entre
el color de tu regreso.

Te he ignorado mil veces
como se ignora el viento,
con aquella lustre simpatía de querer
olvidar lo nuestro.


Más bien soy sordo al hora de tu regreso
como un mino-tauro apagado en sus cuernos,
un demonio de fuerza rotular,
una bestia al final del iris medio,
imperativo de lo que no siento,
al final del sigiloso verbo,
una mascara burda de lo que
creo.

Te he mentido en los platos
de la masacre auto-destructiva;
en el canal los poetas mueren a diario,
y limpio el solar de una mesa enraizada
con el muro de mi propio desafuero.
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