Una por una brotaron mil palabras
con el lucero del ocaso en el final;
un presagio triste de una noche larga
envuelta en traspiés y rémoras a raudal.
Las voces silentes con promesas vacuas
son cocuyos titilantes en la negrura;
frustran los deseos, suspiros de fragua,
quimeras esparcidas en la espesura.
Seré un ave de paso en tu travesía;
un otoño con lozana primavera.
Las cadenas tañerán en lejanía
junto al eco de una ilusión viajera.
Horadé un surco lacerante en mi pecho
para abrir rendija al esperado olvido;
un muro inaccesible elevé maltrecho
entre dédalos de tu silencio y el mío.
Las miajas de tus cartas serán ausencia;
de un vivo corazón quedarán pedazos.
Sembraré en el viento mi franca renuncia
a tus besos, tus caricias, tu regazo.