Grabamos los nombres rebosantes de amor
en el fuerte tronco de un vetusto cerezo.
Risueños los recuerdos, giran a su alrededor,
al ser mudo testigo de todos nuestros besos.
Retozan saltarines los pajarillos en invierno
mientras permanece impoluto todo su ramaje;
muestran la evidencia de un afecto tierno,
las perennes huellas presentes en el paraje.
Todavía con tu ausencia alimento las visitas,
para revivir al detalle los bellos momentos.
Bajo su sombra persisten las encendidas citas,
donde cada vespertina nos dábamos aliento.
Una gélida mañana embargada de añoranza,
acudí con presteza en busca de mi refugio;
en súbita sorpresa, desbordé en desesperanza;
el reseco prado perdió todo el subterfugio.
Aun con la señal de desamor y tu renuencia
se le asignó final a todo nuestro embeleso.
Como una insólita y evidente coincidencia
habían talado sin compasión al viejo cerezo.
POR EL TALADO DE VIEJO CEREZO
QUE REVIVÍAN DE AMOR LAS CUITAS
EN LAS TARDES DE LOS ENCUENTROS
EL HACHA QUE LO TALO
NO DERRUMBO EL RECUERDO
Y PRENDIDO EN TU CORAZÓN
PERMANECERÁ EN EL TIEMPO.
UN ABRAZO POETA,HERMOSA ENTREGA.SALUDOS.