Un lienzo de silencio envolvió con languidez
a los ayes, suspiros y ecos de melancolía.
Las manos diestras coloreaban de palidez
a danzantes siluetas amorfas en sincronía.
Un cuerpo sin pudor dejó brotar la desnudez
entre cánticos y nocturnales alegorías.
Vibran rezagos de inviernos y torbellinos
en la niebla que compartían con la espuma.
La brisa arrastra, con tintes ambarinos,
los lastres de sueños y anhelos en bruma
en un velamen batiente sin destino.
En el umbral mañanero de primavera
cabalgan los días tristones con gris nirvana.
Las virutas del calendario hacen tolvanera
y en la confusa e interminable oscurana
vendrán las grietas y nívea cabellera
en el andén de una diadema lejana.
Un abrazo.