La añoranza teje nido en mi pecho.
Las lágrimas pugnan por brotar
y agolpadas, aún muestran reticencia
en el abismo de mis pupilas tristes.
¿Por qué no manan?
¿Estará seca la fuente
o no aprendí a extrañarte?
Desbordaste el amor cobijado en tu seno,
en tu regazo,
que no enseñaste a tus retoños
a verter lagrimas por ti.
Mis alforjas están llenas de recuerdos:
tu sonrisa, tus grandes ojos,
tus cabellos y tus manos
prodigando amor puro
en soplos del viento;
tus palabras de aliento,
motivos para recordarte más.
En mi salobre manantial
ninguna gota lleva tu nombre
pero hoy queda una muestra:
mil lágrimas de ternura
en la rosa de los Inocentes
como señal de un amor sin igual.
Con lágrimas y sin ellas, siempre es un placer leerte, me acabo de dar cuenta, que ya soy fans de unos cuantos de este portal, claro, obvio, tuyo sin duda.
Me ha conmovido la segunda estrofa.
Un abrazo.