En la introspección
de mi propio firmamento
he vuelto a recolocar
mi constelación,
y cual pulga en el cielo,
increpado a las estrellas.
En el paraje mas recóndito
de mi ser,
como punto de un círculo
viajando entre mareas,
mis pulmones fueron branquias
en un océano de luz
bajo el desierto,
y mi corazón diseccionado
en la cubeta, de acaso,
un experimento
...cruel e infame.
El sol se tornó negro,
un viento gris exudó
las burbujas
que desataron las velas.
Entre el granito irresoluto
del pasado
y amagos, sin diagnóstico leve,
de futuro,
somos fruta que amarga
con el tiempo,
entre volutas de eternidad
y arpegiados abriles
que endulzan la espera.
En la necrosis crónica
que carcome la carne
del tallo que me sustenta
quiebra la razón del ciprés
que me eleva
y se pudre la adrenalina
de los sueños.
Comparto con los cocodrilos
el barro y los peces
sobre la espalda,
se clavan y crujen
bajo el cántaro epitelial
de mis amaneceres
las lágrimas y el sarro
de mi descabalado recuerdo.
En el declive de mi discurso
sudan frío las palabras,
en el alzamiento del lamento
vomito mi silencio;
en la dictadura de mi pecho
me reivindico
y asumo la contradicción
que me nombra.
Vendo mis ojos, y pido la vez
en un mercado
de almas frescas,
en un puesto
de congeladas primaveras.
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Y es hoy el sitio
de mis viejas canciones
mi protocolo de sal,
el molino de mis versos,
donde riego de música
las venas,
amordazo al mundo
y abanico las horas.
Y te reinvento y me descubro
cada mañana,
y al despertar...
en cada sombra,
en cada nueva arruga,
en la acritud y la mar rizada
de cada uno
de los espejos.
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