Podría uncir tempestades
y achicar de mis noches
prendidas de muérdago
el mudo líquido de mis penas.
Inventar de azul el cierzo
del más frío de los otoños,
y bajo la sombra de un rayo,
pintar de horizonte
la más gris de las tormentas.
De tu ventana a la mía,
inundar de primaveras
el precipicio de tu ausencia,
y en un concierto de botellas
distorsionar hasta quebrar
el silencio de las horas.
Podría empequeñecer el océano
desde mi panorámica de halcón,
y seguiría chapoteando
como un pato de goma
entre las olas de tu bañera.
Podría conservar
en el aluminio de la excusa
la bandera de mi derrota,
pero quizá se pudriesen
los colores que aun flotan
sobre la séptica niebla
del bulevar de mi memoria.
Podría suponer luceros
donde solo hay brasas.
Podría mentir a mis mentiras
mientras hipnotizo a los espejos,
¡podría hacerlo!
pero aunque lo hiciera,
¡..no mentiría
ni un ápice mi mirada!.
Podría maquillar de timbales y violines
el funeral de mi fantasía,
donar mi dignidad
a alguna iluminada causa,
y convertir en cátedra
el mesiánico (y enardecido)
balbuceo
de cualquier insigne
calabaza empenachada.
¡Podría presumir de metales
y exagerar mis heridas!;
podría hacerlo... ¡lo juro!
pero se me encasquillaría
como una escopeta de feria
hasta el último resorte intacto
que me queda de alba.
Podría encuadernar de seda
cada volumen de mis sueños
(y graparlos bajo la cama),
pero, seguro,
crecerían hasta la lámpara
los malditos ácaros que habitan
los túneles de la autopista
que une el cielo
con mi almohada.
Podrían trasnochar los girasoles,
travestir su nombre y rondar a la luna,
(cambiando sus raíces por alas).
Y podría reencarnarme en serpiente,
pero, sin duda, mordería
el cascabel que me delata,
envenenándome con mi propia saliva,
sacrificando medio paraíso
por las curvas de un corazón
con forma de manzana.
Y aunque naciera mil veces,
mil veces no volvería a naufragar
en un mar en calma,
(o en la lógica pura y magistral
de un simple vaso de agua).
Podría perseguir planetas
ingrávidos, etéreos...
envueltos en su búdico orbe
y sortijas de acuarela,
pero tropezaría de bruces con el sol,
y me clavaría las estrellas;
...o podría vomitar el barato buqué
que aroma ésta mi tristeza,
pero me atragantaría
con el poso de mis añejas
y destempladas lágrimas.
...Talar de perfil
la rama de una verdad,
y sangraría por mi nariz de madera
la incólume arboleda que oxigena
de verdor
el pulmón de mis mañanas.
Podría comulgar
con el vino de tus ojos
sin emborracharme
con el pecado de tu boca,
atrancar el grifo de mi pecho,
vestir de metáfora la soledad,
fotoshopear mis molinos,
descorrer mis fantasmas...
Y hasta podría equilibrar
de una vez por todas,
(y sin amputar mi duende),
los hombros de esta, mi defectuosa
y tan terriblemente
caprichosa balanza.
Podría... (?)
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