Acompañado de las decisiones de mi vida,
de mis muchas ilusiones campantes en la libertad,
llegue al puerto de la aves preciosas,
me acerque a la orilla en que acariciaría mi sueño,
hasta que una voló y me ensucio el hombro.
Entre su risa mal acostumbrada y mal comportamiento,
me di cuenta que la vida sabia era solo de mi gusto,
las aves defecaban su gusto en cada pose,
en cada inoportuno momento de hacerlo...
Eran tan libres de ser ellas mismas,
así como mía de no seguirlas más.
Decepcionante de aquellas virtudes,
virtudes ajenas a mi manera de ser.