Procesiones por las calles,
perfumadas por las velas.
El Cristo con el madero
y La Virgen con su pena.
Esforzados costaleros,
que su capataz ordena.
Penitentes que acompañan,
Con devoción a su Reina.
El estruendo de tambores,
el tronar de sus trompetas,
cuando bailan a La Madre,
luciendo joyas tan bellas.
Y de repente! Silencio!
Que lo rompe ! La saeta!
Alfonso Espinosa