Los sudarios del paraíso
se incendian en la oscuridad de las procesiones y los hechos
se desgarran entre sí
se apagan igual que las ventanas y claraboyas de la noche
una sombra perdida se vuelve una multitud
de fantasmas sin recuerdos
un cuchillo afilado marca un surco
en la garganta del silencio
los mudos y sordos sentimientos
se vuelven la única opción para
soportar
en el emporio de las cenizas
llegó la hora de agruparse como un árbol macizo
y bajar hasta lo oscuro del pecho
para sepultar decentemente a las rosas marchitas
no nos violentará otro crepúsculo de mayo
y los cancerberos años
no serán la pena del éxodo y los proscritos
muy pronto
el viento rugirá su miedo
y la luna vestirá de gala su sangre escarlata
y en el otero de todas estas miradas
se respirará un desnudo aliento de quietud y calma
igual a la sonrisa de la pólvora, esquirlas y balas
así te nombráremos con gritos en mayúscula “Pueblo”
en el futuro podremos usar otras palabras
“patria/ libertad/ democracia”
pero siempre con los ojos fijos en
despertar y resistir
con la luz del alba