De un olmo gris ceniciento,
y con la corteza parda,
gimen hojas, mece el viento
que en su vejez se resguarda.
Y en un barbecho arropado
de verde, naciente el trigo,
brota un verso de Machado
como pan para el mendigo.
Llora de luto el Calvario
de Soria, que no te olvida,
y del olmo centenario
sangra profunda una herida.
En el patio de una escuela
los niños al pilla-pilla
entonan su cantinela
a esos campos de Castilla.