Ya todo cumplido, y
sin embargo, sin querer
todavía, nada, me halaga
hallarme, como de costumbre,
al lado del camino.
Todo hecho, sí. Todo
resuelto, bienes, haciendas,
patrimonios, oscuras realidades
que, excepto a los hermosos mendigos,
a todos nos acechan (para nada
sirve ser monarca, si nuestro trono,
sobre tinieblas se asienta).
Es por ello que, pese a todo,
la vida me ha resultado más triste
que alegre, menos generosa para
conmigo. Mi realidad ha sido ésta:
ser triste y estar convencido de que
algo mejor habrá en otra.