«No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al
anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía
poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni
intentar nada parecido.»
anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía
poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni
intentar nada parecido.»
Yasunari Kawabata,
La casa de las bellas dormidas
La casa de las bellas dormidas