Quisiese poder leer lo que ocultan tus pensamientos;
olvidar la discreción y el majestuoso poder,
que inquebrantable guarda tu inseguro amanecer.
Mis manos se acaloran con el suspiro de las hojas,
que aun en fotosíntesis se enrumban hacia el río,
para acordar un encuentro con la fría soledad.
Valioso es el llanto de tus ojos negros,
que lloran desesperados por un amor ingrato;
abriendo la ventana banal de la existencia,
al final de la puerta onírica que devela
el secreto oculto en la cueva del dolor.
Hadas, gnomos, ninfas y elfos,
más allá del espacio, de la vida y del tiempo,
demarcan el sendero del sabio y cruel destino,
intuida por la fábula y razonado por un cuento.
En este bello paisaje, regalo de la vida,
entresijo y alegría de los verdosos prados,
es piedra que ha arrastrado el agua de los ríos,
junto al pérfido suplicio ungido del silencio
y perseguido por las sombras de un cariño umbrío.
Un cielo de estrellas para ti.