Arena has invadido de dudas mi fértil mente,
ya no duermo, ya no sueño con mariposas al verle;
arena me has convertido en solitario ermitaño,
espejismo en el desierto, oasis de sus engaños.
Soplando se lleva el viento lo que un día me entregó:
el blanco de la azucena, perfume, jazmín en flor;
reverdeciendo los campos y el jardín multicolor,
es la brisa que me inspira hacerle rima al amor.
Horizonte que te cubres de anaranjado crisol,
haz que al caer el ocaso derrame gotas de amor;
néctar que se resbala en pétalos de la flor
y atrae con su dulzura al aleteante gorrión.
Arena, viento y ocaso son prosa del trovador,
que alegre lleva en su trino con un “”do”” el ruiseñor;
es la espuma de los mares blanca como la nieve,
desmayándose una hortensia al calor de mis quereres
De repente un caballero en clara rima hace versos
y una dulce poesía para el sabor de sus besos;
arenales se levantan con la furia de los vientos,
obscurecido el ocaso porque se ha perdido el tiempo.
Después de la brisa airosa se asoma el arcoíris,
llevando siete colores al aura de mis amores;
se engalanó el horizonte al ocultarse el sol,
en purpúreo naranja el alhelí en flor…
desvanecido arcoíris fundiéndote vas total,
con el calor del ocaso abrazando al ancho mar.
Corriente fuerte de río tallada vas en cristal,
rastrillada ola formada en tranquilo manantial;
es el canto de una diosa, musa del helicón,
perseguida por Apolo en boca del soñador.
Arena, viento y ocaso…se ha acabado el día.
Llorando van las nubes, el sol ha fenecido;
si el corazón hablara, si tan sólo me dijera,
que es amor viento y arena
o el ocaso de mis penas.
Mora el ermitaño en su concha y desde ahí contempla al mundo que le rodea.
Desear lo que no vemos desde esa postura nos engaña. Fuente sin agua…
Pero flota aún en el cielo su esencia de jazmín hoy inspiración…
Arena viento y ocaso, uno en el horizonte son. Versos de aire y cielo en los ojos del trovador…
Sea ocaso…¡Si ocaso sea! No más que un leve giro de la Tierra sobre esa mirada de sol…El ocaso es efímera pena ante un nuevo amanecer por nacer, donde el amor de nuevo sea viento y arena.
Mi paz y aprecio las estrellas que te dejo. Las otras ya lucen en ti.
Vidal