Como siempre quieren más
sembrando la destrucción.
No les basta con la muerte
de toda una generación...
Saben que el mundo se acaba
por qué seguir el horror.
Les pregunto si tanto cuesta,
en momentos tan aciagos
de una vez darse la mano,
si realmente son tan hombres.
¡Alzo mi voz en un ruego!
Tengan piedad de sus hijos,
de sus nietos y mujeres.
Acaben con tanto dolor
porque no existe en el mundo,
un Dios que perdone asesinos.
¿O sus creencias son falsas?
Se sienten valientes
empuñando un arma,
arrojando bombas, misiles,
metralletas matando a mansalva
disfrazando el odio con mendacidad.
Sicarios de la maldad,
varones, por casualidad,
de hombres no tienen nada.
Son cabezas embrujadas
de irracional locura,
ignorantes primitivos
de sus mayores heredaron
la simiente siniestra y oscura.
El desierto los verá
deambulando sin destino,
nada de nada tendrán
ni hogar, ni familia, ni hijos...
Sigan sembrando desgracia
recogerán sólo arena...
¡Porque no hay Dios que perdone!
Los buitres harán su faena.
sembrando la destrucción.
No les basta con la muerte
de toda una generación...
Saben que el mundo se acaba
por qué seguir el horror.
Les pregunto si tanto cuesta,
en momentos tan aciagos
de una vez darse la mano,
si realmente son tan hombres.
¡Alzo mi voz en un ruego!
Tengan piedad de sus hijos,
de sus nietos y mujeres.
Acaben con tanto dolor
porque no existe en el mundo,
un Dios que perdone asesinos.
¿O sus creencias son falsas?
Se sienten valientes
empuñando un arma,
arrojando bombas, misiles,
metralletas matando a mansalva
disfrazando el odio con mendacidad.
Sicarios de la maldad,
varones, por casualidad,
de hombres no tienen nada.
Son cabezas embrujadas
de irracional locura,
ignorantes primitivos
de sus mayores heredaron
la simiente siniestra y oscura.
El desierto los verá
deambulando sin destino,
nada de nada tendrán
ni hogar, ni familia, ni hijos...
Sigan sembrando desgracia
recogerán sólo arena...
¡Porque no hay Dios que perdone!
Los buitres harán su faena.
Matilde Maisonnave
2006
2006
Dos clavos en tus muñecas, uno enorme en tus pies juntos, un lanzazo en tu costado y una corona de espinas... Cuánto dolor, cuánto escarnio para tu alma bendita.
Cuánta envidia y egoísmo, vendido por una monedas, por tus propios condiscípulos...
La cobardía y la traición, aún hoy, te siguen crucificando.
Cuánta envidia y egoísmo, vendido por una monedas, por tus propios condiscípulos...
La cobardía y la traición, aún hoy, te siguen crucificando.
Matilde Maisonnave
"Mi corazón es una llama siempre ardiente para recodar a los angelitos negros"