ANSIEDAD EL MOTOR DEL AMOR
Desde el despertar del alba y abrir mis ojos a la luz, siento la felicidad de que hoy será el día que te volveré a ver, y estaremos departiendo esos momentos que alegran el corazón, y le dan vida a la vida.
Todo en mi, gira alrededor de llegarte al corazón, y que encuentres en su sitio cada detalle, cada cosa por muy sutil o pequeña que sea, y que el entorno en que viviremos esta nueva cita, sea de tu agrado.
La mañana le da paso al medio día, y yo me imagino que ya llegas, y leo, escribo, pienso, y repaso lo que he alistado.
Una copa de vino tinto de entrada, un vaso de agua cristal o un confite, lo que sea tu lo decidirás; pero no llegas, oigo unos pasos y mi corazón se acelera, pero oigo después que los mismos se alejan y mi ansiedad sigue a la espera.
El reloj no se detiene, y justifico la espera, si no ha llegado tal vez no llegará; pero mi mente no se engaña y me pide más paciencia, ella te quiere me repite, ella te adora, insiste en atormentarme.
La tarde entra afanosa y el reloj marca las tres, tomo mi libro y aparto un poco los pensamientos sobre este amor que se apoderó de mi y de todo mi ser.
No solo yo te espero, el teléfono enmudecido es fiel testigo, reviso a cada instante el celular y me pregunto por qué no timbra.
¿Qué será de mi amada?, por que tarda si el encuentro lo habíamos convenido para tempranas horas, y ya el ocaso de la tarde se veía venir, mi poder telepático no llega hasta su mente, mis pensamientos un poco confusos tienden a desanimarme, pero eso que llevo dentro que se llama amor surge como un llama y los hace enmudecer.
Todo se dará, cuando la pasión y la ansiedad se mezclan hacen que la energía atraiga al ser amado.
Entonces me tranquilizo, y se tranquiliza mi espíritu, y cuando siento nuevamente en el pasillo otros pasos y me enfrento a la realidad, y veo que un rostro embellecido me sonríe, y me ofrece sus labios y nos damos muchos besos y sus brazos me abrazan; pienso que valió la pena mi espera; mis sentidos se unen y enaltecen llenos de felicidad.
Vuelve el espíritu a enarbolar las energías suficientes para hacer que el amor se concrete, y la vida siga el derrotero de seguir amando, de poseer y ser poseído, de querer y ser querido de amar y ser amado.