Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Era una jovencita cuando nos conocimos y desde ese mismo instante empezamos unos amores tormentosos y excitantes, eso nos llevo a hacer locuras juveniles que se quedaron grabadas en nuestras mentes.
Diez años después en una fiesta familiar nos volvimos a encontrar, después de bailar dos o tres tandas me invitaste a tu apartamento, pudo más la curiosidad por revivir el pasado, sin pensarlo dos veces quise saber cuál era tu encanto y porque te había amado tanto.
Una semana después en tu apartamento compartimos una deliciosa lasaña y conversamos durante un buen rato de varios temas.
Del comedor pasamos a la alcoba a escuchar música, y me ofreciste si te aceptaba una copa de vino.
Me pareció el ofrecimiento muy especial, al contrarió de la mayoría de hombres no le ofrecen a uno una copa de vino.
Oyendo música degustamos el delicioso vino y nos dimos unos besos no sé cuantos, pero me parecieron pocos y lo lindo fue que no me hiciste ninguna propuesta, ni te sobrepasaste en ningún momento; seguramente si lo haces inmediatamente hubiéramos terminado este encuentro.
Mientras tanto trascurrieron tres o cuatro horas, aunque ninguno de los dos lo manifestara nuestros instintos habían despertado, pero los supimos controlar y los apartamos por el bien de algo que empezaba a nacer.
Esa semana conversamos varias veces, siempre pensando que en cualquier momento nos volveríamos a reunir, pero sin palabras morbosas, comentamos los deliciosos besos que habíamos intercambiado.
El encuentro se dio dos días después, esta vez no solo nos dimos besos, nuestros cuerpos nos pedían a gritos caricias, muchas caricias, y tu las acompañaste con palabras lindas y tiernas que me hicieron sentir dichosa, mientras me ayudabas a desnudar, conseguí relajarme pensando que tenía derecho a disfrutar de mi cuerpo y saciar la ansiedad de poseerte y ser poseída; y por horas hicimos el amor llegando al éxtasis como hacía tiempos no lo conseguía.
Al regresar a mi apartamento hice una evaluación de lo vivido, saque por conclusión que ya no te volvería a sacar de mi corazón.
Ahora caminamos tomados de la mano y vivimos no un amor tormentoso, como fueron los diez años de ausencia; lo que estamos viviendo es un amor muy hermoso, que espero disfrutarlo en su compañía hasta que se nos acabe la existencia.