Una noche como pocas, agobiada de cansancio…
en el sofá me dormí;
vi flotar cientos de estrellas en un cielo carmesí,
…los luceros se abrazaban y se amaban entre sí.
Se aventuró mi espíritu, navegando entre azucenas,
surcaba el horizonte y rompía con alegría
las dagas de su condena,
...y al no encontrarte amor mío,
sintió morirse de pena.
Sentada en la montaña, escuché pasar al río,
vi sus aguas serenas emprender su eterno viaje
donde acaba la ribera;
lo que hacía que la sangre enloqueciera en mis venas.
Era tanta mi emoción que deseaba continuar
recorriendo aquel camino que me daba tanta paz,
oír reír a mi alma de aquel gozo tan fugaz,
ver a los astros flotar en la ancha y negra faz.
Desperté aun curiosa tratando de adivinar,
si fue sueño, fantasía o quizás ganas de amar.
Recorrí sin descansar el iluminado sendero,
para reencontrar al fin a mi espíritu viajero.
Y te tomé de las manos…
Y te estreché entre mis brazos,
y atrapé los suspiros que di al amarte tanto.
Espíritu que cabalgas,
espíritu de poeta,
has escrito poesía con la magia que se encierra
en el brillo del cometa,
y no quieres que despierte
del embrujo de estas letras.