El reloj marca en punto las seis,
comienza el embrujo del anochecer;
frente a mi ventana diviso el jardín,
al “”bunch”” de claveles queriendo decir
que cientos de ángeles vendrán hacia mí.
El sol se ha ocultado en la ondulación de una ancha ola;
sus rayos brillantes y acrisolados se han desvanecido,
surgen pinceladas de las nubes grises
que en una humareda dan vida al paisaje;
y algunas palomas van alzando vuelo
hacia un cielo inmenso de negro con blanco.
Veo que han pasado escasos minutos.
En el entretanto, el viento tranquilo descubre un gemido,
…es el eco suave de las hojas secas,
que se van cayendo de los matorrales.
Se deleita quieta y suave mi mirada,
se queda posando en el cielo obscuro soñando despierta;
mi alma liberta emprende su viaje por el universo,
viendo a las estrellas confesarse amor
y al río dejar escapar desde adentro…
todo su dolor…
¡Espíritu confeso, el que tengo yo!.