Este verso es oda al sentimiento callado,
es sensación de temor, de miedo y desconsuelo.
Y me mantiene extasiada:
La rosa roja que acaricia,
el rayo de sol que calienta,
la verde opalina que con el viento regresa.
Son palabras de oro, amarillas cual mil soles,
es acrecentado placer,
es la duda a los amores…
Es sahumerio que desprende
aroma a hojas secas de sándalo y de mirra,
por un amor que calla,
por otro que suspira.
Este ermitaño sentimiento
impuro y venenoso
le ha estado dando aire de muerte a mi alma,
como el mar muerto -que aun yerto-
…deja caer sal con la brisa tibia
sobre la herida abierta,
para que arda como brasa,
y para que nadie escuche el grito silencioso
de aquel abrazo mudo;
perdido con el viento suave y que a la postre,
cientos de hojas ha arrastrado,
hojas secas que han caído…
hojas secas del pasado.
…Agua clara del arroyo donde pasan los otoños,
alegrándose en el trino que ha entonado un colibrí,
que por viejo ya no escucha su propio canto,
porque se ha quedado sordo,
entristecido y solo con su eco silencioso;
y aun así, no deja de trinar…
sus anhelos ha guardado en el
rayo jade que alimenta su esperanza,
ahí, en la mina donde nacen las despiertas esmeraldas
…en el lago donde el cisne es una pieza de cristal.
¡Gotas de lluvia cadenciosas cayendo errantes
en las nostálgicas tardes de este invierno marchito!.
¡El sudor del rocío ha envuelto las amapolas!.
Llanto y lágrimas… dolor y luto,
gimen las azucenas con el pasar de estas horas,
desmayándose en las eras con el pasar del tiempo,
porque este verso es oda a los brazos que me arrastran
y a la boca que arranca de mis labios estos versos
que no son más que los besos de mi yerto pensamiento
que lúgubre y solitario se alza
para desplazarse lento
sobre las nubes que blancas y altaneras
siguen sin entender por qué tanto sufrimiento.